La sierra se hace pueblo en nueve núcleos rurales que completan el territorio y la identidad del municipio. Cada pedanía conserva su acento, sus fiestas y un paisaje propio—del verde sabinar al malva de la lavanda.
Encajada entre lomas de almendros, esta aldea de origen medieval reúne los barrios de La Tercia, El Villar y El Molino. Entre sus iconos: los restos del castillo-atalaya almohade, fuentes de agua fresca y un mirador que se abre hacia el valle del río Benizar.
A los pies de la Sierra de Villafuerte, es punto de partida de senderos a Revolcadores y refugio veraniego gracias a su clima de alta montaña. El caserío se apiña alrededor de una iglesia blanca y conserva tradiciones pastoriles y repostería de horno de leña.
Praderas altas que, en julio, se tiñen de violeta con la floración de lavanda, lavandín y espliego; escenario del festival LaLavand y de rutas fotográficas al atardecer. En invierno acoge “cuadrillas” de música tradicional y cocidos de matanza.
Su nombre delata el bosque de sabinas que lo rodea. Celebra a San Bartolomé cada 24 de agosto con romería, cabalgata y bailes de cuadrillas. Merenderos y rutas BTT parten del pueblo hacia pozas del Alhárabe.
La pedanía situada a mayor altitud de la Región de Murcia. Callejas empedradas, chimeneas humeantes en invierno y un silencio apenas roto por los cencerros. Punto base para coronar Revolcadores
Hermandad de caseríos agrícolas salpicados de olivares y lavanda. Durante la recolección del espliego, los destiladores tradicionales llenan el aire de aromas dulces; en primavera es habitual ver tormentas breves que pintan de blanco las lomas.
Pequeña aldea junto a las laderas de Revolcadores donde aún se teje esparto y se curan embutidos a 1 100 m. Sus sendas comunican con miradores naturales que dominan los valles del Oeste.